Page 140 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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de  roble  había  vasos  y  platos  de  vieja  cerámica


            francesa, y grabados en blanco y negro, de los que



            no  pueden  encontrarse  en  el  Haymarket  o  Bond


            Street, destacaban esplendorosamente sobre papel


            japonés. Salisbury se sentó en el banco que había


            junto  al  hogar  y  aspiró  y  mezcló  los  humos  de


            incienso  y  de  tabaco,  maravillado  y  atónito  ante


            todo  este  esplendor  del  reps                                 [1]    verde  y  las


            oleografías, el espejo de marco dorado y el lustre



            de su propio apartamento.


               —Me alegra que haya venido —dijo Dyson—. Es


              confortable este pequeño aposento, ¿no es cierto?


             No parece encontrarse usted muy bien, Salisbury.


                                                       No le ocurre nada, ¿verdad?


              —No;  pero  he  estado  bastante  fastidiado  estos


            últimos días. La verdad es que tuve una especie de


            extraña aventura, supongo que así podría llamarla,


            la  noche  que  nos  encontramos,  y  me  ha



            preocupado bastante. Y lo más irritante es que se


            trata del disparate más simple; sin embargo, luego


            se lo contaré todo. Iba usted a referirme el resto de


            esa extraña historia que empezó en el restaurante.


              Si.  Pero  me  da  miedo,  Salisbury,  es  usted


            incorregible.  Es  usted  esclavo  de  lo  que  llama



            evidencias. Sabe usted muy bien que en el fondo


            cree que la singularidad de este caso es creación


            mía  únicamente,  y  que  en  realidad  todo  es  tan

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