Page 161 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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miedo y una mano sobre los ojos y, mientras se iba


            rápidamente, Dyson especuló mucho sobre lo que



            podrían  ser  esos  extraños  acordes  que  tan


            toscamente  había  pulsado.  Llamó  al  primer


            cabriolé que vio y regresó a casa; y en cuanto hubo


            encendido  su  lámpara  suspendida  y  dejado  el


            paquete  sobre  la  mesa,  se  detuvo  unos  instantes


            preguntándose  por  la  extraña  cosa  que  pronto


            iluminaría la luz de la lámpara. Cerró la puerta,



            cortó las cuerdas, desplegó el papel capa a capa, y


            finalmente dio con una pequeña caja de madera,


            sencilla pero sólida. No tenía cerradura, y Dyson


            no tuvo más que levantar la tapa: cuando lo hizo


            exhaló  un  prolongado  suspiro  y  retrocedió.  La


            lámpara parecía brillar tenuemente como una vela;


            sin  embargo,  toda  la  habitación  resplandecía  de


            luz, y no de un solo tono, sino con miles de colores,


            como  una  vidriera  pintada;  en  las  paredes  de  la



            habitación  y  sobre  los  muebles  familiares,  el


            resplandor brillaba de nuevo y parecía volver a su


            origen, la pequeña caja de madera. Pues en ella,


            sobre un blanco lecho de lana, descansaba la más


            espléndida joya, una joya como jamás pudo soñar


            Dyson, en cuyo interior brillaba el azul de lejanos


            cielos, el verde del mar junto a la costa, el rojo del



            rubí, y rayos violeta oscuro, y en medio de todo


            parecía  llamear,  como  si  un  surtidor  de  fuego

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