Page 160 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—Mire  allí,  Travers,  casi  se  le  ha  terminado  el


            tiempo.  Creo  que  usted  ha  oído  hablar  de  Q.



            Recuerde, su vida está en mis manos. ¡Vamos!


              Dyson se sobresaltó por el resultado de su propia


            audacia. El hombre se contrajo y quedó paralizado


            por el terror, el sudor caía por su rostro de color


            blanco ceniza, y levantó las manos.


              —Señor Davies, señor Davies, no diga eso… ¡por



            el  amor  de  Dios!  No  le  reconocí  al  principio,


            créame.  ¡Dios  mío,  señor  Davies!,  no  querrá


            arruinarme, ¿verdad? En seguida se lo traeré.


              —Más vale que no pierda más tiempo.


              El  hombre  se  escabulló  patéticamente  de  su


            propia tienda y entró en una habitación posterior.


            Dyson escuchó sus temblorosos dedos manejando


            torpemente  un  manojo  de  llaves  y  el  chirriar  de


            una caja al abrirse. Al poco regresó llevando en las



            manos  un  pequeño  paquete  cuidadosamente


            envuelto en papel marrón, y, lleno de terror, se lo


            entregó a Dyson.


              —Me alegra desembarazarme de él —dijo—. No


            volveré a aceptar encargos de esta índole.


              Dyson cogió el paquete y su bastón, y salió de la



            tienda con una inclinación de cabeza, volviéndose


            al pasar por la puerta. Travers se había arrellanado


            en su asiento, con el rostro todavía lívido por el





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