Page 190 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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taberna fue una vez hipótesis descabellada; ante
hombres como estos, pensé que podría arriesgar
mi sueño —digamos la Atlántida, o la piedra
filosofal, o lo que usted quiera—, sin miedo al
ridículo. Comprobé que estaba completamente
equivocado; mis amigos me miraron y se miraron
entre ellos confusamente, y en las miradas que
intercambiaron pude vislumbrar un poco de
compasión y algo también de desprecio insolente.
Uno de ellos me visitó al día siguiente e insinuó
que debía de estar padeciendo agotamiento
cerebral por un exceso de trabajo. « Sin rodeos» ,
dije, « piensa usted que me estoy volviendo loco.
No lo crea» . Y le mostré la salida con muy poca
cortesía. Desde ese día prometí solemnemente que
nunca más susurraría a ninguna alma viviente la
naturaleza de mi teoría; a nadie más que a usted le
he mostrado el contenido de ese cajón. Después de
todo, puedo estar persiguiendo una quimera;
puedo haber sido engañado por una simple
coincidencia; pero mientras permanezca aquí, en
este místico silencio, entre bosques y yermas
colinas, estoy más convencido que nunca de estar
tras la pista segura. Vamos, es hora de que
entremos.
Todo esto me maravillaba y excitaba a la vez.
Sabía que el profesor Gregg solía emprender su
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