Page 191 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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trabajo  paso  a  paso,  examinando  el  terreno  que


            pisaba,  y  no  aventurando  nunca  una  afirmación



            sin  disponer  de  una  prueba  irrefutable.  Sin


            embargo,  adiviné,  más  por  su  mirada  y  la


            vehemencia de su tono de voz que por las palabras


            pronunciadas,  que  no  se  apartaba  de  su


            pensamiento la visión de algo casi increíble; y yo,


            que aun poseyendo algo de imaginación era muy


            escéptica, me sobresaltaba a la menor insinuación



            de  lo  maravilloso,  y  no  podía  menos  que


            preguntarme si no estaría padeciendo el profesor


            una  monomanía,  excluyendo  de  este  tema  el


            método  científico  que  presidiera  el  resto  de  su


            vida.


              Con  todo,  pese  a  esta  imagen  de  misterio  que


            obsesionaba                   mis         pensamientos,                     me          rendí


            completamente al encanto del lugar. Por encima de


            la ajada casa de la ladera empezaba el gran bosque,



            una  franja  larga  y  oscura  vista  desde  las  colinas


            opuestas, que se extendía varias millas de norte a


            sur  por  encima  del  río,  terminando  al  norte  en


            parajes  todavía  más  salvajes,  cerros  yermos  y


            desolados, y ásperos campos, un territorio extraño


            que  nadie  visitaba,  más  desconocido  para  los


            ingleses que el corazón mismo de Africa. La casa



            estaba separada del bosque únicamente por un par


            de escarpados campos, y a los niños les encantaba

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