Page 223 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 223
La firma estaba impresa al pie con nitidez, y de
nuevo volví la página escrita y leí las palabras una
a una, espantada y lívida, con las manos frías como
el hielo, y faltándome la respiración. El silencio
mortal de la habitación, y la idea de los bosques y
colinas rodeándome por todas partes, me oprimían
hasta la impotencia y la incapacidad, no sabiendo
a quién recurrir. Finalmente resolví que, aunque la
verdad me persiguiera toda la vida, tenía que
conocer el significado de los extraños terrores que
durante tanto tiempo me atormentaron, oscuros,
confusos y atroces, como las sombras del bosque
en el crepúsculo. Seguí cuidadosamente las
instrucciones del profesor Gregg, y de mala gana
rompí el sello del sobre, y extendí ante mí el
manuscrito. Siempre llevo conmigo ese manuscrito
y ya veo que no puedo negarme a su muda
petición de leerlo. Esto es, pues, lo que leí aquella
noche, sentada junto al escritorio al lado de una
lámpara de pantalla.
La joven dama que se llamaba a sí misma señorita
Lally procedió entonces a leer la
Declaración de William Gregg, F.R.S. , etc.
[5]
Hace muchos años que tuve el primer vislumbre
de la teoría, ahora casi, si no completamente,
confirmada por los hechos. Mis dilatadas y
222

