Page 221 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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terminar de cenar, oí pasos afuera y el sonido de
una voz humana.
La doncella entró y me miró extrañamente.
—Perdón, señorita —comenzó—, el señor
Morgan, el jardinero, quiere hablarle un minuto, si
no le importa.
—Hazle pasar, por favor —contesté yo, apretando
los labios.
El anciano entró despacio en la habitación y la
criada cerró la puerta tras él.
—Siéntese, señor Morgan —dije—. ¿Qué quiere
decirme?
—Verá, señorita, el señor Gregg me dio algo para
usted ayer por la mañana, justo antes de irse;
insistió en que no se lo diera antes de las ocho en
punto de esta noche, si todavía él no había
regresado a casa, y que si volvía antes, tenía que
devolvérselo en propias manos. Ya que el señor
Gregg no ha vuelto todavía, como usted ve,
supongo que lo mejor será entregarle
inmediatamente el paquete.
Levantándose a medias, sacó algo del bolsillo y
me lo dio. Lo cogí en silencio y, viendo que Morgan
parecía no saber qué hacer, le di las gracias y le
deseé buenas noches. Quedé sola en la habitación
con el paquete en las manos, un paquete envuelto
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