Page 219 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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En seguida comprendí, por mi experiencia acerca
de la manera de ser del profesor Gregg, que no era
una ocupación ordinaria o el placer lo que le
impelía a salir. No sabía, ni siquiera adivinaba
remotamente, su destino, ni tenía la más vaga idea
de su encargo, pero el miedo de la noche anterior
volvió a apoderarse de mí, y cuando le vi sonriente
en la terraza, listo para partir, le imploré que se
quedara y olvidara todos sus sueños sobre el
nuevo continente por descubrir.
—No, no, señorita Lally —contestó, todavía
sonriente—. Es ya demasiado tarde. Como usted
sabe Vestigia nulla retrorsum es el lema de los
auténticos exploradores, aunque espero que en mi
caso no resulte literalmente cierto.
Verdaderamente no tiene usted razones para
alarmarse; considero mi pequeña expedición como
una cosa bastante común, no más excitante que un
día con mis martillos de geólogo. Hay un nesgo,
por supuesto, pero eso ocurre en cualquier
excursión. Me puedo permitir esa gentileza;
cualquier hijo de vecino corre más peligro un
centenar de veces por lo menos cada día de fiesta.
Así es que levante usted ese ánimo, y hasta
mañana a más tardar.
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