Page 220 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Caminaba a buen paso, y le vi abrir la verja que


            señalaba la entrada al bosque; luego, desapareció



            entre la frondosidad de los árboles.


              El  día  transcurrió  tristemente,  con  una  extraña


            oscuridad  en  el  ambiente,  y  de  nuevo  me  sentía


            aprisionada entre los antiguos bosques, encerrada


            en una arcaica tierra de misterio y temor, olvidada


            por  el  mundo  exterior,  como  si  todo  hubiese


            sucedido  hace  mucho  tiempo.  Tenía  a  la  vez



            esperanzas y temores y, cuando llegó la hora de la


            cena,  esperaba  oír  los  pasos  del  profesor  en  el


            vestíbulo y su voz celebrando no sé qué triunfo.


            Apacigüé mi semblante para darle la bienvenida


            alegremente, pero cayó la noche y él no volvió.


              Por  la  mañana,  cuando  la  doncella  golpeó a  mi


            puerta,  la  llamé  a  gritos  y  le  pregunté  si  había


            vuelto su señor. Cuando me contestó que la puerta



            de su dormitorio permanecía abierta y el recinto


            vacío, sentí el frío abrazo de la desesperación. Con


            todo,  imaginé  que  habría  encontrado  agradable


            compañía y que regresaría para el almuerzo, o tal


            vez por la tarde, y me llevé a los niños a pasear por


            el  bosque,  haciendo  todo  lo  posible  por  jugar  y


            reírme con ellos, desterrando mis ideas de misterio



            y  velado  terror.  Esperé  hora  tras  hora,  cada  vez


            más inquieta. De nuevo cayó la noche y yo seguía


            aguardándole.  Al  fin,  mientras  me  apresuraba  a

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