Page 218 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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quién hay que temer, podría guardarme de él; pero


            en esta casa solitaria, rodeada por todas partes de



            antiguos  bosques  y  de  abovedadas  colinas,  el


            terror  parece  brotar  por  doquier,  y  la  carne  se


            horroriza  ante  los  débiles  murmullos  de  cosas


            horribles. Vanamente me esforzaba por emplazar


            al  escepticismo  en  mi  ayuda,  y  me  aferraba  al


            sentido  común  para  sustentar  mi  fe  en  el  orden


            natural del mundo, pues el aire que entraba por la



            ventana  era  un  aliento  misterioso,  y  en  la


            oscuridad sentía el silencio pesado y afligido como


            una  misa  de  réquiem,  y  conjuraba  imágenes  de


            extrañas formas moviéndose velozmente entre los


            juncos, junto al aluvión del río.


              Desde el momento en que, a la mañana siguiente,


            bajé a desayunar, sentí que la desconocida trama


            estaba  llegando  a  un  desenlace;  el  profesor,  con


            rostro firme y resuelto, apenas parecía oír nuestras



            voces cuando le hablábamos.


              —Salgo  para  un  paseo  más  bien  largo  —dijo,


            cuando termino de comer—. No deben esperarme,


            ni pensar que me ha ocurrido algo si no regreso a


            cenar. Últimamente he estado un poco embotado,


            y creo que una pequeña caminata me hará bien.



            Quizá  pase  incluso  la  noche  en  una  posada,  si


            encuentro                alguna             que          parezca             limpia             y


            confortable.

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