Page 229 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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las dos manos a los brazos de mi sillón. Era como


            si uno de mis confrères de ciencias físicas, vagando



            por un tranquilo bosque inglés, se hubiera topado


            de repente con el viscoso y repugnante ictiosauro,


            modelo  terrible  de  los  cuentos  de  atroces


            serpientes  muertas  por  valerosos  caballeros,  o


            hubiera  visto  oscurecerse  el  sol  a  causa  del


            pterodáctilo,  el  dragón  de  la  tradición.  Sin


            embargo,  en  tanto  que  resuelto  explorador  del



            saber,  la  idea  de  semejante  descubrimiento  me


            llenó de alegría, y recorté el pedazo de papel y lo


            guardé en un cajón de mi viejo buró, decidido a


            convertirlo en la primera pieza de una colección de


            la  más  inesperada  trascendencia.  Esa  noche


            permanecí sentado largo tiempo, soñando con las


            conclusiones  que  establecería,  y  ni  siquiera  una


            reflexión  más  serena  quebró  mi  confianza.  Con


            todo,  cuando  empecé  a  considerar  el  caso



            imparcialmente,  comprendí  que  podía  estar


            edificando  sobre  bases  inestables;  tal  vez  los


            hechos ocurrieron de acuerdo con la opinión local


            y yo contemplaba el asunto con excesiva reserva.


            En  cualquier  caso,  resolví  mantenerme  a  la


            expectativa  y  me  afirmé  en  la  idea  de  que


            únicamente  yo  estaba  al  acecho,  mientras  que  la



            gran  multitud  de  pensadores  e  investigadores





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