Page 234 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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pude ver la piedra en cuestión hace un par de días,


            con ocasión de un incidente bastante penoso que



            ocurrió en el lugar» .


              Como puede suponerse, escribí inmediatamente a


            mi amigo, agradeciéndole la copia de la inscripción


            y  preguntándole  con  fingida  indiferencia  por  el


            incidente a que hacía mención. Para ser breve, me


            enteré  de  que  una  mujer  llamada  Cradock,  que


            había perdido a su marido un día antes, se había



            propuesto comunicar las malas noticias a un primo


            que vivía a unas cinco millas de distancia y tomó


            un  atajo  que  atraviesa  las  Colinas  Negras.  La


            señora Cradock, que entonces era bastante joven,


            nunca llegó a casa de su pariente. Entrada la noche,


            un granjero, que había perdido un par de ovejas de


            su rebaño, caminaba por las Colinas Grises con una


            linterna y un perro. Le llamó la atención un ruido,


            que  describió  como  una  especie  de  lamento,



            lúgubre  y lastimero;  guiado  por él  encontró  a  la


            desdichada  señora  Cradock  encogida  junto  a  la


            roca caliza, sacudiendo el cuerpo de un lado a otro,


            y  lamentándose  y  llorando  tan  angustiosamente


            que el granjero no tuvo más remedio, según dijo,


            que taparse los oídos para no salir corriendo. La


            mujer  permitió  que  la  llevaran  a  su  casa,  y  una



            vecina fue a cuidarla. No paró de llorar en toda la


            noche,  mezclando  sus  lamentos  con  palabras  de

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