Page 235 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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una jerga ininteligible, y cuando llegó el médico la


            declaró loca. Guardó cama una semana, gimiendo,



            según  decía  la  gente,  como  alma  en  pena


            eternamente condenada, y luego se sumió en un


            profundo  sopor.  Se  pensó  que  el  pesar  por  la


            pérdida de su marido había trastornado su juicio,


            y el médico, en un primer momento, no albergaba


            esperanzas de que viviera. No necesito decirle lo


            profundamente  interesado  que  estaba  yo  en  la



            historia,  hasta  conseguir  que  mi  amigo  me


            escribiera con frecuencia poniéndome al corriente


            de todos los detalles del caso. Supe entonces que


            en el transcurso de seis semanas la mujer recuperó


            gradualmente el uso de sus facultades, y algunos


            meses  después  dio  a  luz  un  niño,  bautizado


            Jervase,  que  por  desgracia  resultó  ser  retrasado


            mental.  Esos  eran  los  hechos  conocidos  en  el


            pueblo.  Pero  a  mí,  aunque  palidecía  con  sólo



            imaginar  las  espantosas  perversidades  que  sin


            duda  se  habían  cometido,  todo  el  episodio  me


            pareció convincente, y me aventuré incautamente


            a insinuar la verdad a algunos amigos científicos.


            En         cuanto             pronuncié                 las        palabras              sentí


            amargamente haber hablado, revelando así el gran


            secreto de mi vida, pero comprobé, con una buena



            dosis de alivio mezclada con indignación, que mis


            temores estaban fuera de lugar, pues mis amigos

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