Page 335 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Pero yo fui a aquella colina porque quería meditar
sobre lo que había ocurrido el día anterior y sobre
el secreto del bosque. Desde el lugar donde estaba
sentada podía ver, al otro lado del pueblo, el claro
que encontré, por donde un pequeño arroyo me
condujo hasta un país desconocido. Imaginé que,
de nuevo, seguía el curso del arroyo, y repasé todo
el camino mentalmente; por último llegué al
bosque, me arrastré entre los arbustos, y entonces
vi algo en la oscuridad que me hizo sentirme como
si estuviera llena de fuego, como si deseara bailar,
cantar y volar, pues me notaba cambiada y
estupenda. Pero lo que vi no había cambiado nada,
ni había envejecido, y me pregunté una y otra vez
cómo podían suceder semejantes cosas, y si serían
realmente ciertas las historias de la niñera, porque
a la luz del día y al aire libre todo parecía
completamente diferente que por la noche, cuando
me asusté y creí que iban a quemarme viva.
Una vez le conté a mi padre uno de esos cuentos,
que trataba de un fantasma, y le pregunté si era
cierto; él lo negó rotundamente diciendo que
solamente la gente vulgar e ignorante creía en
semejantes disparates. Se enfadó mucho con la
niñera por haberme contado el cuento, y la regañó;
después de eso, ella me hizo prometer que nunca
más susurraría ni una sola palabra de lo que me
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