Page 370 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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grano y cual sería éste, y, sobre todo, qué diablos
tenía que ver con él esta historia familiar algo
insulsa.
La señorita Pilliner prosiguió.
—Naturalmente, acepté tan amable y urgente
invitación. Estaba ansiosa por ver a Arabella una
vez más tras su larga ausencia, y me alegraba gozar
de la oportunidad de formarme mi propia opinión
con respecto a su marido, del cual lo ignoraba
absolutamente todo. Y además, debo confesar
señor Last, que no carezco de ese espíritu curioso
que los caballeros raramente han contado entre las
virtudes femeninas. Deseaba ardientemente que
me hicieran partícipe de la maravillosa noticia que
Arabella había prometido comunicarme en
nuestra reunión, y pasé muchas horas especulando
acerca de su naturaleza.
» Llegó el día. A la hora convenida apareció una
elegante berlina con su correspondiente lacayo, y
fui conducida entre refinados lujos al hotel Billing
en Manners Street, en Mayfair. Allí un mayordomo
me guió a la suite del primer piso, ocupada por el
señor y la señora Marsh. No malgastaré su valioso
tiempo, señor Last, reparando en el suntuoso y
sobrio lujo de aquellos aposentos; simplemente
mencionaré que mi parienta me aseguró que las
piezas de Sévres de su saloncito habían sido
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