Page 371 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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valoradas en novecientas guineas. Encontré
todavía hermosa a Arabella, pero no pude menos
de comprobar que los países tropicales en los que
había vivido por tantos años habían causado
estragos en su resplandeciente belleza; había en su
aspecto y en su comportamiento un cansancio, una
lasitud, que me angustiaba observar. En cuanto a
su marido, el señor Marsh, soy consciente de que
formarse una opinión desfavorable tras sólo unas
pocas horas de relación es poco caritativo y a la vez
insensato; y no olvidaré con facilidad el discurso
que el querido señor Venn pronunció en la iglesia
de Emmanuel el domingo siguiente a la visita a mi
parienta: realmente parecía, lo confieso
avergonzada, como si el señor Venn tuviera en
mente mi propio caso, y se sintiera obligado a
advertirme mientras todavía había tiempo. Sin
embargo, debo decir que no le tomé del todo
simpatía al señor Marsh. Realmente no podría
decir por qué. Lo encontraba extremadamente
educado; no podía serlo más. Más de una vez
comentó el excepcional placer que le producía
conocer al fin a una de las personas de las que tanto
le había hablado su querida Bella; confiaba en que
ahora que habían finalizado sus vagabundeos, el
placer podría repetirse con frecuencia; no omitió
nada de lo que la más cordial cortesía pudiera
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