Page 372 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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sugerir. Y, sin embargo, no podía decir que la
impresión recibida fuera favorable. A pesar de eso,
me atrevo a decir que estaba equivocada.
Hubo una pausa. Last estaba resignado. El
sentido de la larga historia parecía perderse en la
lejanía, esfumarse en el horizonte.
—¿Algo en concreto? —insinuó él.
—No; nada. Podía haber imaginado que percibí
una falta de sinceridad, una oculta reserva, detrás
de toda la generosidad de las expresiones del señor
Marsh. No obstante, espero estar equivocada.
» Pero voy a olvidarme de esas trivialidades y a
fiarme de observaciones erróneas, único asunto de
importancia; al menos para usted, señor Last. Poco
después de mi llegada, y antes de que apareciera el
señor Marsh, Arabella me confió su importante
información. Su matrimonio había sido bendecido
con un retoño. Dos años después de su unión con
el señor Marsh había nacido un niño varón. El
nacimiento tuvo lugar en una ciudad de
Sudamérica, Santiago de Chile —he comprobado
el lugar en mi atlas—, donde la estancia del señor
Marsh había sido más prolongada de lo usual.
Afortunadamente, había un médico inglés
disponible, y el pequeño tuvo buena salud desde
el principio, y, como Arabella, su orgullosa madre,
se jactaba, era ahora un precioso muchacho,
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