Page 382 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Al principio todo parecía muy bien. El señor
Marsh tenía razón en creer que estaría encantado
con el lugar en el que estaba instalada la Casa
Blanca. Ésta se levantaba, sobre terrazas en la
ladera, por encima de un río gris y plateado, que
serpentea por un precioso y solitario valle. Por
encima de ella, hacia el este, existía un vasto,
sombrío y viejo bosque, que trepaba hasta el más
elevado risco de la colina y descendía hasta el nivel
de las praderas y el mar. Situado en el extremo más
alto del bosque, Last miró hacia el oeste entre las
ramas y contempló las tierras del otro lado del río,
la elevación y declive de la región en sucesivas
ondulaciones, la inmensa y borrosa muralla
montañosa, azul en la distancia, y las blancas
granjas brillando al sol en la vasta ladera. Era un
hombre en un mundo nuevo. No existía otra
región como ésta alrededor de Dunham, en las
Midlands, o en las cercanías de Blackheath u
Oxford; jamás había visitado nada parecido en sus
recitales. Estaba asombrado y encantado por la
cortina de verdor, por ese gran prodigio que podía
contemplar. Cerca de él, el manantial descendía a
borbotones de las grises rocas, abriéndose camino
desde las entrañas de la colina.
Y en la Casa Blanca las condiciones de vida eran
del todo agradables. Le había impresionado la
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