Page 380 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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cheque, para costear pequeñas cuestiones de
equipamiento, gastos de viaje, y cosas así; nada
tiene que ver con su sueldo. Last tomaría el tren
para determinada gran ciudad del oeste, y allí le
irían a buscar y le conducirían a la casa, donde ya
estaban instalados la señora Marsh y su alumno. «
Hermoso país, señor Last; estoy seguro que lo
apreciará» .
Hubo una magnífica reunión de despedida con
los viejos amigos. Zouch y Medwin, Garraway y
Noel, llegaron de todas partes. Hubo lenguado a la
plancha antes del enorme filete, y después pollo
asado. Habían decidido que, como posiblemente
sería la última vez, no irían al teatro, sino que se
sentarían a hablar alrededor de la mesa de caoba.
Zouch, que se sobreentendía que llevaba la voz
cantante, había consultado con el jefe de los
camareros y, cuando quitaron el mantel, les
sirvieron solemnemente un raro y curioso oporto.
Hablaron de los viejos tiempos cuando iban juntos
al colegio Wells, fingieron —aunque sabían que no
debían hacerlo— que el estudiante que había
acuchillado a su propio padre en Piccadilly era
amigo suyo, volvieron a contar chistes que debían
ser más viejos que el vino, relataron cuentos de
Molí y Meg , y la famosa historia de Melcombe,
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que atornilló al decano en sus propias
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