Page 383 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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belleza morena de la señora Marsh, que,
evidentemente, era, como la señorita Pilliner le
había contado, bastante más joven que su marido.
También notó los efectos que su prima atribuía a
los años que aquélla vivió en los trópicos, aunque
difícilmente podía llamarlos cansancio o
desfallecimiento como hacía ella. Había algo
todavía más extraño: el rostro de la señora Marsh
estaba marcado por la rubicundez, pero Last no
sabía si era debido al sol o a las desconocidas
emociones de los lugares en donde se había
metido, hace mucho tiempo tal vez.
Pero el alumno, el pequeño Henry, era toda una
sorpresa y un encanto. Parecía algo mayor para sus
siete años; pero Last estimó que esta impresión no
estaba basada tanto en su estatura o en su físico
como en la brillante viveza e inteligencia de su
mirada. El preceptor había tratado a muchos niños,
aunque ninguno tan joven como Henry; y en
general los había encontrado gordinflones y
pesados, con rostros en los que se leía un decidido
odio al saber y la resolución de aprender lo menos
posible. A Last nunca le había sorprendido esta
expresión habitual. Le parecía eminentemente
natural. Sabía que los rudimentos de cualquier
disciplina eran siempre condenadamente
aburridos y difíciles. Se preguntaba por qué estaba
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