Page 384 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 384
inexorablemente fijado que la desafortunada
criatura humana pasara gran parte de su vida
desde el principio mismo haciendo cosas que
detesta; pero así era, y ahora por la sintaxis del
modo optativo.
Pero no existían tan obstinados atrincheramientos
en el rostro o en los modales de Henry Marsh. Era
un muchacho apuesto, de aspecto brillante y que
hablaba brillantemente, y, con toda evidencia, no
consideraba a su preceptor como una fuerza hostil
dirigida en contra suya. Era lo que algunos, por
extraño que parezca, llamarían anticuado;
ingenuo, pero no infantil, con una caprichosa
expresión de vez en cuando más evocadora de un
hombre gracioso que de un muchacho. Este
antiguo hábito tenía, sin duda, que ser atribuido en
parte a las enseñanzas de los viajes, el espectáculo
del paisaje cambiante y las cambiantes apariencias
de personas y cosas, pero sobre todo al hecho de
que siempre había estado con su padre y su madre
y nada sabía de la compañía de niños de su edad.
—Henry no ha tenido compañeros de juegos —
explicó su padre—. Debió contentarse con su
madre y conmigo. No hubo más remedio. Todo el
tiempo estuvimos viajando; a bordo de un barco o
alojados durante unas pocas semanas en hoteles
cosmopolitas, y después otra vez en ruta. El
383

