Page 379 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 379
No obstante, Marsh no era, sin duda alguna, el
tipo de hombre que la señorita Pilliner estaba
acostumbrada a tratar en Corunna Square o en la
congregación del señor Venn. Probablemente
sospechaba que había sido pirata.
El señor Marsh, por su parte, estaba encantado
con Last. Como aparece en una carta suya a la
señorita Pilliner —o ¿puedo permitirme llamarla
prima Lucy?—, el señor Last era exactamente el
tipo de hombre que él y Arabella habían esperado
conseguir por consejo de aquélla. Ellos no querían
dejar a su hijo en manos de cualquier ostentoso
hombre de mundo con un sustrato de
conocimientos. El señor Last era, evidentemente,
un erudito reservado y poco mundano, más
acostumbrado a tratar con libros que con personas;
el verdadero preceptor que Arabella y él mismo
habían deseado para su hijo. El señor Marsh se
sentía profundamente agradecido a la señorita
Pilliner por el gran servicio que ella le había
prestado a Arabella, a él mismo y a Henry.
Y, en efecto, como había dicho el señor Meredith
Mandeville, Last encajaba muy bien en el papel.
Sin duda, las gafas ayudaban a crear la impresión
del distante y recatado Dominie Sampson .
[3]
Resolvieron que pasada una semana comenzarían
sus deberes. El señor Marsh extendió un generoso
378

