Page 386 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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mentalmente y se puso manos a la obra que tenía
ante sí. Descubrió en el muchacho una
extraordinaria aptitud, una prontitud en captar sus
indicaciones y explicaciones como nunca había
visto antes: ni en chicos que le doblaban o
triplicaban la edad, meditó él. El afortunado
preceptor estaba inclinado a creer que este niño,
sacado a duras penas de su estricta infancia, poseía
algo muy semejante al genio. De vez en cuando,
con su Sí, señor, comprendo. Y después, por
supuesto…, verdaderamente le quitaba a Last las
palabras de la boca, y anticipaba lo que, sin duda,
era lógicamente el siguiente paso en la
demostración. Pero Last no estaba acostumbrado a
alumnos que se anticipasen a nada, excepto al
momento de volver a poner los libros en las
estanterías. Y sobre todo, el profesor se sentía
atraído por la apasionada e intensa curiosidad del
alumno. Parecía un lector de La piedra lunar, o
cualquier otra novela sensacional, incapaz de dejar
el libro hasta haber leído la última página y
descubrir el secreto. Sencillamente, el muchacho
aportaba este espíritu de insaciable curiosidad a
cualquier tema que se le propusiera. Desearía
haberle enseñado a leer, pensó Last para sí mismo.
« Sin duda habría considerado el alfabeto con el
mismo miramiento que nosotros empleamos con
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