Page 378 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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formulada  en  palabras  y  era  variable  como  una


            nube.



                Sin embargo, a la mañana siguiente, llegaron un


             par de cartas invitándole a atiborrar a dos jóvenes


                    estúpidos de datos, cifras y verbos en “mi”. La


                   perspectiva era tan terriblemente desagradable


                           que escribió a la señorita Pilliner en cuanto


                  desayunó, adjuntando informes de su colegio y


              otras cartas elogiosas que tenía en su escritorio. A



                          su debido tiempo se entrevistó con el señor


             Marsh en el hotel Billing. En general se agradaron


                         mutuamente. Last encontró a Marsh enjuto,


                      mordaz, sombrío y de mediana edad. Su pelo


                 negro encanecía en las sienes, y su rostro estaba


                      surcado de arrugas alrededor de los ojos. Sus


                          cejas eran espesas y en su mandíbula había


                       indicios de amenaza; pero la sonrisa con que


                  recibió a Last iluminó sus severas facciones con



                reconfortante cordialidad. Había algo raro en su


                           acento y en el tono de su voz; algo, tal vez,


             extranjero. Last recordó que durante muchos años


                         había estado viajando por todo el mundo, y


                            supuso que en su habla resonaban ecos de


                 muchas lenguas. Su comportamiento y modales


                       eran desde luego amables, pero Last no tenía



                  prejuicios contra la amabilidad, más bien sentía


              inclinación por las delicadezas en el trato común.

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