Page 388 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Con todo, timeo Hesperides et dona ferentes .
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Desconfío de occidente. Como dijo uno de sus
propios habitantes, es una tierra de hechizo e
ilusión. Nunca se sabe qué puede ocurrir después.
Es una suerte que Shakespeare naciera dentro de la
zona de seguridad. Si Stratford estuviese veinte o
treinta millas más hacia el oeste…, no quiero ni
pensarlo. Estoy completamente seguro de que en
las minas galesas, únicamente se extrae oro
mágico. Y ya sabe usted lo que pasa.
Entretanto, ajeno a las luces y rumores del Strand,
Last seguía feliz en su apartado lugar, bajo el gran
bosque. Pero muy pronto recibió un sobresalto.
Una tarde, entre la hora del té y la cena, estaba
paseando por el jardín una vez finalizado su
trabajo diario y, sintiendo ganas de fumar en paz,
se encaminó al cenador de piedra —o, tal vez,
belvedere— que había al borde del césped a la
sombra de los acebos. Allí podía uno sentarse y
dominar el plateado serpenteo del río, atravesado
por un viejo puente de piedra gris. Cuando iba a
instalarse, reparó en un libro sobre la mesa frente
a él. Lo cogió, le echó un vistazo, suspiró, y,
pasando unas cuantas páginas más, se derrumbó
sobre el banco horrorizado. El señor Marsh
siempre había deplorado su ignorancia acerca de
los libros.
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