Page 400 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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elevó y desapareció; la dulce fragancia del bosque


            penetraba  por  la  ventana  de  su  habitación.  El



            miedo y el terror ciego habían desaparecido de su


            ánimo.


            Comenzó  a  vacilar,  a  recelar  de  su  juicio,  a


            preguntarse  si  no  se  habría  precipitado  en  sus


            negras conclusiones por el pavor de la noche. Sus


            lógicas  conclusiones  a  medianoche  parecían


            sugerir una pesadilla en la transparencia de aquel



            valle; pero el canto de una alondra en lo alto se lo


            refutaba.  Recordó  el  argumento  de  Garraway


            después de una excelente cena en La Cabeza del


            Turco:              siempre               era          peligroso                que            la


            improbabilidad  fuera  consejera  de  la  vida.  Se


            demoraría  un  poco,  permanecería  alerta,  y  se


            aseguraría antes de pasar a la acción repentina y


            violentamente.  Y  quizás  fuera  cierto  que  Last


            estaba fuertemente influido por su aversión a dejar



            al  joven  Henry,  cuya  extraordinaria  brillantez  e


            inteligencia le asombraban y deleitaban cada vez


            más.


              Todavía  era  temprano  cuando,  finalmente,


            abandonó su habitación y salió al aire puro de la


            mañana. Era poco más de una hora después del



            desayuno, y Last se puso en camino por el sendero


            que conducía, pasada la tapia del huerto, a lo alto


            de la colina y al corazón del bosque. Se detuvo un

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