Page 396 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Marsh. Se levantó de la silla y recorrió la habitación
de acá para allá murmurando terrible asunto,
vergonzoso asunto, y, cuando volvió a sentarse
dándole la luz de lleno, Last vio el rostro de un
hombre asustado. La mano que Marsh había
puesto sobre la mesa estaba crispada por la
ansiedad; golpeaba el suelo con el pie como si
tratara de calmar el temblor de sus labios, y había
un miedo mortal en sus ojos.
A Last le chocaba y le asombraba el efecto que
había producido con unas cuantas frases
convencionales. Tímidamente, dispuesto a superar
una situación difícil, comenzó a decir algo todavía
más convencional como que la belleza de la
naturaleza jamás había conferido inmunidad para
el crimen, o cualquier otra necedad parecida. Pero
estaba claro que Marsh no iba a calmarse con nada
por el estilo. Se levantó otra vez de la silla y golpeó
su mano contra la mesa, en un fiero gesto de
rechazo y negativa.
—Por favor, déjelo, señor Last. No diga nada más.
Verdaderamente nos ha afectado mucho a la
señora Marsh y a mí. Nos horroriza pensar que
hemos traído a nuestro hijo aquí, a este pacífico
lugar según teníamos entendido, sólo para
exponerle al contagio de este espantoso incidente.
Por supuesto, hemos dado a los sirvientes órdenes
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