Page 397 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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estrictas  de  que  no  digan  ni  una  palabra  en


            presencia de Henry; pero usted sabe cómo son los



            sirvientes y el finísimo oído que tienen los niños.


            Una  o  dos  palabras  casuales  pueden  arraigar  en


            una  mente  infantil  y  contaminar  todo  su


            temperamento.  Realmente  es  un  pensamiento


            terrible. Debe usted haber advertido lo angustiada


            que ha estado la señora Marsh estos últimos días.


            Lo único que podemos hacer es tratar de olvidarlo



            todo,  y  confiar  en  que  no  se  haya  producido


            ningún daño irreparable en el muchacho.


              Last murmuró un par de palabras de disculpa y


            asentimiento,  y  la  conversación  tomó  otros


            derroteros  menos  conflictivos.  Pero  cuando  el


            preceptor se quedó solo, examinó con curiosidad


            lo que había visto y oído. Pensó que el aspecto de


            Marsh  no  se  correspondía  con  sus  palabras.


            Hablaba como un padre devoto, temeroso de que



            su          pequeño                 pudiera               sorprender                   algún


            nauseabundo  y  repugnante  chismorreo  o  hiciera


            conjeturas acerca de un crimen horrible y obsceno.


            Parecía como si hubiera divisado el patíbulo, y su


            miedo,  Last  lo  presentía,  fuera  de  un  género


            completamente  diferente.  Y  además  estaba  la


            referencia  a  su  esposa.  Last  había  advertido  que



            desde el crimen en el bosque algo le pasaba; pero


            de nuevo desconfió de la observación de Marsh. Su

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