Page 401 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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instante en la curva superior y, dándose la vuelta,
contempló, al otro lado del río, el alegre país con
toda su magia y encanto matutinos. Mientras
andaba despacio, mirando en torno suyo, oyó unos
débiles pasos que se aproximaban por el otro lado
de la tapia y unos murmullos en voz baja. Después,
cuando los pasos se acercaron, una de las voces se
elevó un poco, y Last oyó a la señora Marsh
diciendo:
—¿Demasiado vieja yo? Y trece años son
demasiado pocos. ¿Habrá que esperar a los
próximos diecisiete para que puedas introducirla
en el bosque? Después de todo lo que he hecho por
ti, y lo que tú me has hecho a mí.
La señora Marsh enumeró todas esas cosas sin
remisión y sin ningún vergonzoso temblor en la
voz. Se detuvo momentáneamente. Tal vez le
sofocaba la rabia; y pudo escucharse una estridente
risa burlona, como si la voz de Marsh se hubiera
cascado de desprecio.
Silenciosa, pero rápidamente, Last, con la cara
triste y los ojos desorbitados, se largó
desesperadamente de la Casa Blanca. Una vez en
el camino, libre de sembrados y de maleza,
aminoró su carrera sin detenerse nunca, hasta
llegar con un suspiro de alivio a las feas calles de
una gran ciudad industrial. En seguida se dirigió a
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