Page 402 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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la estación, y comprobó que todavía faltaba una
hora para el expreso de Londres. Por tanto,
disponía de mucho tiempo para su desayuno, que
consistió en aguardiente.
III
El preceptor volvió a su antigua vida y a sus
antiguas costumbres, haciendo todo lo posible por
olvidar este extraño y horrible interludio de la
Casa Blanca. Se rodeó una vez más de sus
gordinflones cachorros; dio clases intensivas y
durante sus largas vacaciones preparó para los
exámenes a los alumnos suspendidos, estando
moderadamente satisfecho, en general, con el
curso de los acontecimientos. De vez en cuando,
procurando convencer a los gordinflones de que el
latín y el griego eran lenguas habladas
anteriormente por seres humanos y no enigmas sin
sentido inventados por demonios, pensaba,
suspirando de pena, en el muchacho que tan bien
las entendía y tanto las deseaba comprender. Y se
preguntaba si no habría sido un cobarde por dejar
a este encantador niño en las nefastas manos de sus
espantosos padres. Pero ¿qué otra cosa podía
hacer? Era horrible pensar en Henry, corrompido
más o menos rápidamente por sus detestables
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