Page 423 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Es decir, puede haber, y es lo normal, sucesos
extraordinarios, carentes de significado. La
coincidencia, la casualidad y otras causas
inescrutables, de vez en cuando forman nubes que
indudablemente semejan fieros dragones, o
patatas que se parecen exacta y minuciosamente a
eminentes estadistas, o rocas que son como águilas
o leones. Eso no indica nada. Pero cuando uno
descubre que varías formas extrañas encajan entre
sí y forman parte de un mismo dibujo, el interés y
el asombro van en aumento. Entonces cada forma
rara confirma a la otra, justifica en su conjunto todo
el plan expuesto, corrobora y explica cada pieza
por separado.
De modo que, una semana o unos diez días
después de haber leído y recortado el suelto sobre
Llantrisant, recibí una carta de un amigo que
estaba pasando sus vacaciones en aquella región.
« Te interesará saber —decía en su carta— que a
los habitantes de Llantrisant les ha dado por las
prácticas rituales. El otro día entré en la iglesia, y
en lugar del habitual olor a humedad de cripta,
había un verdadero tufo a incienso» .
Pero yo sabía algo más. El viejo párroco era un
firme evangelista; antes habría quemado azufre en
su iglesia que incienso. De modo que no acababa
de entender la noticia. Y unas semanas más tarde
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