Page 428 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Lo  encontré  muy  alterado.  No  es  que  hubiera


            envejecido,  en  realidad  parecía  rejuvenecido.  Su



            rostro              tenía             una             singular                 expresión


            resplandeciente, casi de júbilo, que yo no le había


            visto  antes,  que  únicamente  había  visto  en  muy


            pocos rostros humanos. Por supuesto hablamos de


            la  guerra,  pues  era  algo  inevitable,  de  las


            perspectivas  agrícolas  del  país,  de  cuestiones


            generales, hasta que me aventuré a comentar que



            había estado en la iglesia y me había sorprendido


            su olor a incienso.


              —¿Ha  introducido  algunos cambios  en  el  oficio


            desde  que  estuve  aquí  por  última  vez?  ¿Utiliza


            ahora incienso?


              El anciano me miró de manera extraña y titubeó.


              —No —dijo—, no ha habido ningún cambio. No


            utilizo  incienso  en  la  iglesia.  No  osaría  hacer  tal



            cosa.


              —Sin  embargo  —empecé—  por  toda  la  iglesia


            parece  como  si  hubiesen  cantado  una  Misa


            Solemne y…


              Me cortó en seco, con un ademán bastante serio


              que casi me atemorizó.



              —Sé que es usted un maldiciente —dijo, y la frase


            me  asombró  indescriptiblemente  viniendo  de


            aquel  bondadoso  anciano—.  Y  además  muy





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