Page 610 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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ciudad, ya que vivía en el extremo septentrional
del condado.
Me estrechó la mano cordialmente, pareciéndome
como si quisiera darme una palmada en la espalda
—era un poco ese tipo de personas—, y repitió su
¡adelante!, ¡adelante!, añadiendo a la simpática
mujer:
—Traiga otro plato, señora Morgan, y todo lo
demás. Espero que no se habrá olvidado del queso
de Caerphilly, Meyrick. Le aseguro que nadie lo
prepara mejor que la señora Morgan. Otra jarra de
sidra, señora Morgan, y seidr dda, ¿le importa?
Nunca supe si de niño le habían enseñado a
hablar en galés. En Londres había perdido hasta el
más ligero rastro de acento, pero aquí en Gwent
había recuperado en buena medida los dejos
locales; su habla olía a tierra galesa tan
intensamente como la de la alegre esposa del
granjero. Estimé que su acento formaba parte de
sus vacaciones.
Me condujo a un pequeño salón de vetusto
mobiliario, agradable decoración pasada de moda
y empapelado de flores casi imperceptibles; hizo
que me sentara en un sillón junto a la mesa
redonda, y me dio, como luego le dije, exactamente
lo que tenía intención de pedirle: pan con queso y
sidra. Todo muy bueno; estaba claro que la señora
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