Page 225 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Estaba sentado con las piernas cruzadas sobre el suelo

           de  una  tienda.  Sandoval,  Toktai,  y  Li  completaban  el


           círculo. Debajo tenían alfombras y un brasero mantenía

           caliente el té. Era la única tienda montada, probablemente

           la  única  disponible,  traída  para  usarla  en  ceremonias


           como aquélla. Toktai sirvió kumiss con sus propias manos

           y se lo ofreció a Everard, que lo bebió haciendo mucho

           ruido  como  exigía  la  etiqueta  y  lo  pasó.  Había  bebido


           cosas  peores  que  leche  de  yegua  fermentada,  pero  se

           alegró de que, acabado el ritual, pasasen al té.



                 Habló  el  jefe  mongol.  No  podía  mantener  el  tono

           sereno, como hacía su amanuense chino. Había en él una

           brusquedad  instintiva:  ¿qué  extranjero  se  atrevía  a


           acercarse a los hombres del Ka Kan sin arrastrarse sobre

           el estómago? Pero las palabras siguieron siendo corteses:



                 —Ahora  que  nuestros  invitados  expongan  los

           mensajes  de  su  rey.  Primero,  ¿podríais  decirnos  su

           nombre?




                 —Su  nombre  no  debe  ser  pronunciado  —dijo

           Everard—. De su reino sólo habéis oído pálidos rumores.

           Podéis juzgar su poder, Noyon, por el hecho de que sólo

           necesitaba que dos de nosotros llegásemos hasta aquí, y


           que nosotros sólo necesitamos una montura cada uno.




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