Page 228 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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amabilidad de cortesano.



                 —¡Manzanas  de  caballo!  —dijo  Toktai—.  La


           estupidez  de  los  hombres,  queréis  decir.  Éramos  muy

           pocos, muy ignorantes, y habíamos navegado demasiado

           por  mares  peligrosos.  Y,  ¿qué  importa?  Regresaremos

           algún día.



                 Everard sabía que lamentablemente así sería, y que


           una tormenta hundiría la flota y ahogaría a quién sabe

           cuántos hombres jóvenes. Pero dejó que Toktai siguiese

           hablando:



                 —El Ka Kan comprendió que debíamos aprender más


           sobre las islas. Quizá deberíamos establecer primero una

           base  en  algún  lugar  al  norte  de  Hokkaido.  Entonces,

           también oímos rumores de una tierra más al oeste. De vez

           en cuando el viento saca de su curso a los pescadores, y


           ven  cosas;  los  comerciantes  de  Siberia  hablan  de  un

           estrecho y un país más allá. El Ka Kan fletó cuatro naves

           con  tripulaciones  chinas  y  me  dijo  que  cogiese  a  un


           centenar  de  guerreros  mongoles  y  viese  lo  que  podía

           descubrir.



                 Everard asintió, sin sorprenderse. Los chinos llevaban

           fletando juncos desde hacía cientos de años, algunos con

           capacidad hasta para mil pasajeros. Cierto, esas naves no



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