Page 224 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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                 El sol, bajo sobre los picos occidentales, tiñó de plata


           sus cimas cubiertas de nieve. Las sombras se alargaban

           por  el  valle,  el  bosque  se  oscurecía,  pero  los  prados

           abiertos relucían más brillantes. La calma hacía de cámara

           de resonancia para los pocos ruidos que se producían: el


           rápido fluir del río, el sonido de un hacha, los caballos

           comiendo la hierba crecida. El humo de madera cargaba

           el aire.



                 Los mongoles, evidentemente, habían sido tomados


           por  sorpresa  por  sus  visitantes  y  aquel  temprano

           encuentro. Mantenían las caras serias, pero los ojos se les

           escapaban  en  dirección  a  Everard  y  Sandoval  mientras

           éstos  recitaban  fórmulas  de  varias  religiones…


           principalmente  paganas,  pero  algunas  oraciones

           budistas, musulmanas y nestorianas. Eso no disminuyó

           la eficacia con que montaron el campamento, apostaron


           guardias, cuidaron de los animales y prepararon la cena.

           Pero  Everard  juzgó  que  estaban  más  silenciosos  de  lo

           habitual. La idea impresa en su mente por los educadores

           decía que los mongoles eran por lo general habladores y


           alegres.




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