Page 374 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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ámbar? Quizá podamos hacer negocios… Ahora, échate
a un lado, tengo que llevar la nave a puerto. —Gritó
algunas órdenes llenas de profanaciones.
Con destreza, los marineros situaron la nave a lo largo
de un muelle, la aseguraron, y pusieron las planchas. La
gente se acercaba, pidiendo noticias a gritos, solicitando
trabajo de estibador, cantando alabanzas sobre los
productos de los establecimientos de sus amos. Pero
ninguno subió a bordo. Ésa era en principio una
prerrogativa de] agente de aduanas. Un guarda, con casco
y cota, armado con lanza y espada corta, se puso frente a
él y se abrió paso entre la multitud, dejando un rastro de
insultos benevolentes. Tras el oficial trotaba un secretario
sujetando un estilo y una tabla de cera.
Everard bajó y recogió el equipaje que había
guardado entre los bloques de mármol italiano que
constituían la carga principal de la nave. El oficial le
exigió que abriese los dos sacos de cuero. En ellos no
había nada de especial. El sentido de viajar desde Sicilia,
en lugar de saltar en el tiempo directamente allí, era que
el patrullero pasara por lo que decía ser. Estaban casi
seguros de que el enemigo vigilaba con cuidado los
acontecimientos, y que se acercaban al momento de la
catástrofe.
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