Page 375 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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—Al menos podrás vivir durante un tiempo. —El
oficial fenicio inclinó un poco la cabeza cuando Everard
le mostró unos cuantos lingotes pequeños de bronce.
Faltaban siglos para que se inventase la acuñación de
monedas, pero el metal podía cambiarse por cualquier
cosa—. Debes comprender que no podemos permitirle la
entrada a nadie de quien pensemos que se puede
convertir en un ladrón. De hecho… —Miró dubitativo la
espada bárbara—. ¿Cuáles tu propósito al venir aquí?
—Busco un trabajo honrado, señor, como guarda de
caravana. Busco a Conor, el mercader de ámbar.
La existencia de ese celta residente había sido una
razón de peso para que Everard adoptase aquel disfraz.
Lo había sugerido el jefe de la estación local de la Patrulla.
El tirio tomó una decisión.
—Muy bien, puedes bajar a tierra, y también el arma.
Recuerda que crucificamos a los ladrones, bandidos y
asesinos. Si no consigues trabajo, busca la casa de empleo
de lthobaal, cerca del Salón de los Magistrados. Él
siempre puede encontrar algún trabajo eventual para un
tipo grande como tú. Buena suerte.
Se volvió a tratar con Mago. Everard esperó,
aguardando la oportunidad de decirle adiós al capitán, La
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