Page 377 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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siguieron. Recorrió el muelle hacia una puerta abierta.
Una mano le agarró la manga, Sobresaltado lo
suficiente para trastabillar, bajó la vista.
Un muchacho de tez oscura le sonrió. Tenía dieciséis
años, más o menos, a juzgar por la pelusa de la barbilla,
aunque resultaba pequeño y esquelético incluso para los
cánones del lugar. Sin embargo, se movía con agilidad,
descalzo como iba y vestido sólo con una falda raída y
sucia de la que colgaba una bolsa. El pelo negro rizado le
caía en una cola tras un rostro de nariz angulosa y mentón
marcado. Su sonrisa y sus ojos —grandes ojos levantinos
de largas pestañas— eran brillantes.
—¡Saludos señor, saludos a usted! —fue su
presentación—. ¡Vida, salud y fuerza a los suyos!
¡Bienvenido a Tiro! ¿Adónde va, señor, y qué puedo hacer
por usted?
No farfulló, sino que lo dijo con mucha claridad, con
la esperanza de que el extraño lo entendiese. Cuando
recibió una respuesta en su propia lengua, saltó de
alegría.
—¿Qué quieres, muchacho?
—Señor, ser su guía, su consejero, su ayudante, y, sí,
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