Page 378 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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su guardián. Por desgracia, nuestra ciudad, por lo demás

           agradable, está llena de maleantes que no desean más que


           atacar a un inocente visitante. Sí no le roban todo lo que

           tiene  al  primer  parpadeo,  al  menos  le  desearán  las

           terribles desgracias, a un coste que le dejará pobre casi


           con igual rapidez…



                 El       muchacho               salió        corriendo.             Había          visto

           aproximarse a un joven de aspecto desastrado. Aceleró

           para  interceptarlo  agitando  los  puños,  gritando  con

           demasiada rapidez y demasiado frenético como para que


           Everard entendiese más que unas pocas palabras.



                 —… ¡Chacal piojoso!… Yo lo vi primero… Vuelve a

           la  letrina  de  la  saliste…  El  joven  se  envaró.  Intentó

           desenvainar  un  cuchillo  que  le  colgaba  del  hombro.


           Apenas se había movido cuando el pilluelo se sacó una

           honda de la bolsa y una piedra para cargarla. Se agachó,

           apuntó  y  dio  vueltas  a  la  correa  de  cuero.  El  hombre

           escupió, dijo algo desagradable, dio la vuelta y se fue. Los


           transeúntes que habían prestado atención echaron a reír.



                 El  chico  también  rió,  con  alegría,  y  volvió  con

           Everard.



                 —Eso,  señor,  es  un  ejemplo  perfecto  de  lo  que  le

           explicaba  —dijo.  Conozco  bien  a  ese  villano.  Es  el



                                                                                                         378
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