Page 751 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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—Eso sería fatal. —Una parte de Luperco se preguntó
por qué lo explicaba, por qué no le ordenaba al chico que
se callase—. No sienten verdadero pánico. Mira, están
deteniéndose junto al río. Sus jefes los reunirán y Civilis
les hará recuperar más o menos el sentido. Sin embargo,
no creo que permita otro intento como éste. Se limitará a
bloquearnos.
E intentará seducir a sus compatriotas entre nosotros —
añadió la mente del legado—. Pero al menos ahora puedo
dormir. Qué cansado estaba. Sentía el cráneo lleno de
arena y la lengua como una tira de cuero.
Primero tenía obligaciones. Bajó las escaleras y
recorrió el camino principal hasta el punto donde la grúa
había arrojado a su presa. Un par yacían muertos, ya
fuese porque se habían resistido demasiado o porque el
pelotón se había emocionado en exceso. Uno gemía y se
retorcía sobre el polvo. No movía las piernas, debía de
tener la espalda rota, mejor sería cortarle la garganta. Tres
caminaban atados bajo la mirada de sus guardias. El
séptimo, también con las muñecas atadas y los talones
trabados, permanecía de pie. El traje de un auxiliar bátavo
cubría su cuerpo fornido.
Luperco se detuvo frente a él.
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