Page 748 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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—¡Una cacería egipcia de pájaros, por Hércules! —
Aleto estaba exultante.
—Civilis también lo comprende —contestó Luperco.
De hecho, después de un par de horas las chispas se
elevaron en lo alto y desaparecieron, los rastrillos
separaron el carbón de la madera, botas y mantas
apagaron las llamas. La precaución pareció enloquecer
más a los germanos. Era una noche sin luna y una neblina
había cubierto las estrellas. La lucha era a ciegas, mano a
mano, golpeando donde oías un ruido y apreciabas una
oscuridad aún mayor que venía hacia ti. Aun así, los
legionarios conservaron su disciplina. Desde las murallas
arrojaban piedras y estacas cubiertas de hierro todo lo
bien que podían apuntar. Donde el sonido les indicaba
una escalera alzada, empujaban con los escudos y las
jabalinas iban detrás. Y ensartaban las espadas en
aquellos hombres que llegaban a lo alto.
En algún momento pasada la medianoche, el combate
se apagó. Durante un momento hubo casi completo
silencio, ni siquiera el sonido que producen los
moribundos. Los germanos habían encontrado y
reclamado a sus heridos, sin que importase el peligro, y
los romanos yacían bajo las lámparas al cuidado de los
cirujanos. Pronto oyeron una voz arengando, luego
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