Page 218 - Un caso de conciencia -James Blish
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incluso después de que el sonido hubiera rebasado los


             limites  audibles.  Acto  seguido  se  oyó  el  rechinar  de

             una  tramoya,  y  destellaron  unas  luces  con  pálido


             fulgor violáceo...

               El serpentín que formaba el carrilete empezó a dar

             vueltas  y  revueltas  suspendido  en  el  vacío.  Pasaban


             veloces  innúmeras  estrellas  coloreadas,  ninguna

             excesivamente  brillante,  que  surgían  raudas  de  un

             costado,  se  elevaban  sobre  el  convoy  y  se  ocultaban


             luego  debajo,  con  intervalos  de  sólo  diez  segundos

             entre uno y otro «horizonte». Volvieron a restallar las

             carcajadas  y  los  gritos,  acompañados  de  un  sonido


             estruendoso, como de raspadura, y de nuevo hendió el

             aire el ulular de la sirena, primero como un silbo que


             lo  llenaba  todo  y  luego  como  un  zumbido

             enloquecedor que parecía vibrar dentro del cráneo y

             que descendía vertiginosamente a tonos de infragrave.


               Liu  se  aferró  con  todas  sus  fuerzas  al  brazo  de

             Michelis,  pero  éste  no  podía  hacer  otra  cosa  que


             mantenerse clavado en su asiento. Todas las células de

             su  cerebro   proyectaban  alarma,  pero  un  vértigo

             insoportable le paralizaba...


               Se encendieron las luces.

               Al instante el mundo quedó estabilizado. La fila de

             vagonetas  permanecía  inmóvil  en  sus  raíles,  que


             descansaban  sobre  vigas  voladizas.  No  se  habían



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