Page 236 - Un caso de conciencia -James Blish
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- ¿En qué sentido? ‐ preguntó la condesa, no muy
interesada en el tema.
- Bueno..., parece exigir de los jóvenes un respeto
absoluto a la par que involucra una actitud
extremadamente condescendiente y protectora en lo
tocante a su bienestar físico y mental, pese a lo cual se
les obliga a vivir en estas enormes covachas,
enteramente aislados de la naturaleza, y además les
enseñan a temer a la muerte, cosa que como es lógico
perturba su equilibrio psíquico, porque nadie puede
hacer frente a la muerte. Es como inducirles al temor
de la segunda ley de la termodinámica sólo porque la
materia viva margina por breve tiempo esta ley.
¡Cuánto les odian a ustedes!
- Dudo que me conozcan siquiera ‐ dijo la condesa
con frialdad. No tenia descendencia.
- Oh, detestan ante todo a sus padres ‐ prosiguió
Egtverchi ‐; pero les queda odio suficiente para incluir
a todos los adultos del planeta. Me escriben para
contármelo. A mi me consideran ajeno a la tortura que
se les inflige. Me ven como alguien que está en contra
de ella, como un camarada inofensivo con el que
pueden bromear y que saben no les va a traicionar.
- Estás exagerando la nota ‐ terció Michelis,
incómodo.
- Oh, no, Mike. He conseguido evitar ya que se
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