Page 233 - Un caso de conciencia -James Blish
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asistentes a la próxima reunión para saborearla a solas.
Michelis se dijo que la condesa pensaba que ahora
podía darse el caso, y siendo como era una mujer de
poca imaginación, resultaba fácil adivinar la clase de
estimulo que apetecía a la anfitriona. A pesar de su
apariencia reptiloide, había en Egtverchi un algo
intensa e irresistiblemente varonil.
Y también un algo sobremanera infantil. Que esta
combinación era capaz de vencer la repugnancia que la
gente pudiera sentir hacia una criatura
inequívocamente reptiloide había quedado
patentizada en la respuesta que siguió a la primera
aparición de Egtverchi en la pantalla tridimensional.
Sus mordaces y sarcásticos comentarios sobre algunos
sucesos y costumbres terrestres habían causado gran
impacto, lo cual era incluso previsible, habida cuenta
de que la elite intelectual del mundo consideraría que
el litino iba a convertirse en un delirio antes de
concluida la semana. Pero nadie hubiera podido
prever el aluvión de cartas remitidas por hijos, padres
y mujeres solitarias.
A la sazón Egtverchi era un comentarista de noticias
patrocinado por diversas firmas comerciales, el
primero que contaba con un auditorio integrado mitad
y mitad por intelectuales marginados y chiquillos
encandilados, o por lo menos no existía precedente
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