Page 234 - Un caso de conciencia -James Blish
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igual en lo que iba de siglo. Algunos especialistas en
medios de comunicación le comparaban a un tiempo
con dos personajes históricos llamados Adlai E.
Stevenson y Oliver J. Dragon.
Además, Egtverchi contaba con una corte de
fanáticos, aun cuando la emisora en la que prestaba
servicio todavía no había realizado los pertinentes
sondeos para determinar su composición.
Precisamente en aquellos momentos la servidumbre de
la condesa estaba empeñada en la tarea de acarrear los
fláccidos cuerpos de diez de sus secuaces. Con
semblante pensativo, Michelis siguió la escena con la
mirada, al tiempo que se dejaba arrastrar por el grupo
de invitados que seguía en pos de Egtverchi y
abandonaba el espacioso anfiteatro para adentrarse en
la vasta estancia contigua. Los uniformes le recordaban
algo que no podía precisar. Tal vez sólo fuesen
uniformes de fantasía diseñados ex profeso para la
fiesta mundana. Si los diez mocetones que obedecían
al toque del silbato de Egtverchi no hubieran tenido
una facha tan similar, su presencia le habría
sorprendido menos, cosa que por lo demás el litino
debía de saber muy bien. Lo curioso, empero, era que
la idea misma de uniforme era extraña a la psicología
litina, mientras que para un terrestre revestía un
significado muy concreto. De otro lado, a estas alturas
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