Page 276 - Un caso de conciencia -James Blish
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Ruiz‐Sánchez nunca creyó en ello por la sencilla razón
de que no hubo nunca un Egtverchi al que poseer. El
litino era él mismo un engendro del diablo, como el
propio Chtexa, como la totalidad de Litina. Satán se
atrevía ya a asomar cabeza en la persona de Egtverchi,
a manipular fondos, a prohijar mentiras, a
emponzoñar la mente, generar aflicción y congoja,
corromper a los jóvenes, arruinar el amor y organizar
ejércitos... Y todo en pleno Año Santo.
Ruiz‐Sánchez se quedó pensativo con el brazo a
medio meter en la manga de la chaqueta veraniega y la
vista fija en el techo del vestuario. Tenia que realizar
dos llamadas telefónicas, ninguna de ellas dirigida al
general de su Orden; pero había cambiado ya de
parecer.
¿Acaso durante todo este tiempo no había sabido
descifrar señales tan obvias, o desvariaba como se
presupone en los herejes, al intuir el Dies irae, la cólera
del Señor, nada menos que entre los vapores del baño
de un establecimiento público? ¿Era Egtverchi un
nuevo Armagedón de la pantalla tridimensional? ¿El
infierno abierto para dar libertad de movimientos a un
comediante que sabia cómo entretener a chiquillos y
adolescentes?
No podía afirmarlo a ciencia cierta. De lo único que
estaba seguro era de que aquella noche no podía ni
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