Page 333 - Un caso de conciencia -James Blish
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práctica con éxito, conjuraría algo más que una
alucinación planetaria: la muerte instantánea de varios
cientos de criaturas y su más que probable condena
eterna, ya que Ruiz‐Sánchez no creía que Dios se
dispusiera a rescatar de este sino a hombres que se
hallaban empeñados en una tarea como la de Cleaver.
Pero, además, estaba convencido de que no era él
quien debía dictar estas
condenas a muerte, y menos sin confesión previa. A
Ruiz‐Sánchez se le había declarado convicto de un
delito, pero no de asesinato.
A Tannhauser, el pontífice Urbano IV le aseguró que
obtener la absolución que imploraba le seria tan difícil
como ver florecer el báculo papal. Pues bien, era
igualmente improbable que Ruiz‐Sánchez alcanzara la
absolución con la comisión de un homicidio
santificado.
Y sin embargo, así lo ordenaba el Sumo Pontífice, el
cual le había dicho que no cabía otra alternativa para él
ni para el mundo. El papa había dejado entrever
claramente que compartía con Ruiz‐Sánchez la opinión
de que el mundo se hallaba al borde del Armagedón, y
había expresado sin circunloquios que tan sólo Ruiz‐
Sánchez podía impedirlo. Las únicas diferencias entre
ambos eran de orden doctrinal, y en estas cuestiones el
papa podía aducir su infalibilidad...
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