Page 337 - Un caso de conciencia -James Blish
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que era la señal de prioridad urgente de las Naciones
Unidas que ocupaba el circuito de derivación acústico.
En seguida el funcionario de la organización que
acudió a visitarles apareció en la pantalla mirándoles
por debajo de su extravagante casco, sobreponiéndose
a la imagen de Egtverchi, cuyas palabras eran a la
sazón como un eco lejano.
- Doctor Michelis ‐ dijo, con evidente alborozo ‐. Al
fin ha ocurrido. Se ha pasado de listo, y puesto que ya
no es ciudadano de la comunidad de naciones ha caído
de lleno en nuestras manos. Venga sin demora; le
necesitamos antes de que concluya la transmisión, y
también a la doctora Meid.
- ¿Para qué?
- Para firmar las declaraciones y actas de acusación.
Están ustedes detenidos por haber apadrinado a una
bestia indómita. Pero no se alarmen; es puro
formulismo. Sin embargo debemos tenerles en
custodia. Nuestra intención es encerrar a Egtverchi por
el resto de sus días... en una jaula insonorizada.
- Cometen ustedes un error ‐ terció Ruiz‐Sánchez con
voz serena.
El rostro del funcionario, convertido en una máscara
triunfal de ojillos fulgurantes se volvió con presteza
hacia el jesuita.
- No le he pedido su opinión, señor ‐ dijo ‐. No tengo
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