Page 338 - Un caso de conciencia -James Blish
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órdenes  en  lo  que  a  usted  respecta,  pero  desde  mi


             punto de vista usted no tiene por qué inmiscuirse en el

             asunto.  Si  trata  de  hacerlo  puede  salir  chamuscado.


             Doctor Michelis y doctora Meid, ¿hemos de ir a por

             ustedes?

               -  No, acudiremos ‐ dijo Michelis, impasible. Pero no


             esperó a que la imagen del funcionario desapareciera,

             sino que él mismo pulsó el mando de desconexión.

               - ¿Qué opinas, Ramón?, ¿debemos ir? ‐ preguntó ‐. Si


             crees que no, aguardaremos aquí y al diablo con él. O

             si lo deseas puedes acompañarnos.

               - No, no ‐ contestó Ruiz‐Sánchez ‐. Adelante, haced lo


             que os dicen. Si os resistís no conseguiréis otra cosa que

             complicaros más la vida. Lo que si quiero es pediros un


             favor.

               - Dalo por hecho. ¿De qué se trata?

               - No salgáis a la calle. Cuando lleguéis a las Naciones


             Unidas  componéroslas  para  que  os  mantengan  en

             custodia.  Sois  ciudadanos  en  situación  de  arresto  y


             tenéis derecho a permanecer encarcelados.

               Michelis  y  Liu  le  miraron  con  fijeza,  sorprendidos.

             Súbitamente el rostro del químico se distendió, dando


             a  entender  que  había  comprendido  los  motivos  del

             jesuita.

               - ¿Tan mal ves las perspectivas?


               - Si, estoy convencido. ¿Cuento con vuestra promesa?



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